Corrientes: el juicio por abuso sexual a un ex juez de menores deja al descubierto una red de pedofilia

POLICIALES


Además del juez Walter Turraca Schou, los testimonios apuntan a un cura, un comisario y otros hombres de la ciudad de Ituzaingó.

En la ciudad correntina de Ituzaingó por estos días se sigue un juicio a un ex juez que dejó al descubierto una red de pedofilia cuyos alcances son tan difíciles de dimensionar como de establecer el número de chicos vulnerables que fueron abusados a cambio de drogas o unos pocos billetes que durante años compraron silencio e impunidad.

Una pastora evangélica que llegó de Tucumán para hacerse cargo de un templo en la ciudad, se topó con la trama que involucraba en principio al juez Civil, Comercial, Laboral, de Menores y de Familia, Walter León Turraca Schou; a un sacerdote, un comisario y un profesor, según revelaron las víctimas.

Los ribetes son oscuros y salpican a los principales poderes de una ciudad de 20.000 habitantes que todavía conserva costumbres de pueblo y donde las figuras públicas tienen un enorme peso. Quizás eso también fue lo que silenció a las víctimas durante largos años.

Cuánto tiempo se sucedieron los abusos es imposible saberlo. Es que muchas de las víctimas optaron por no denunciar, temerosos de ser señalados por sus pares, revictimizados. Otros abandonaron la ciudad en un intento por poner distancia con un pasado por demás doloroso en el que se vieron envueltos desde que eran niños.

María Valoy es una pastora evangélica oriunda de Tucumán que llegó a Ituzaingó por esas cosas del destino. Fue una muerte que la hizo recalar en la ciudad de enormes playas bañadas por el cristalino río Paraná. Y esa muerte permitió salvar la vida de esos adolescentes que no sabían a quién recurrir.

El juicio oral pero no público que se le sigue al ex juez Turraca Schou en el Tribunal de Santo Tomé, sacó a la luz detalles que son propios de quien se maneja con absoluta impunidad. Acoso callejero a niños a plena luz del día, relaciones sexuales en las playas o en un circuito de motocross parecen ser acciones del día a día del juez al terminar su matrimonio.

El mismo Poder Judicial se encargó de sepultar una investigación más profunda para identificar y lograr la condena de todos los abusadores. El fiscal de Instrucción de Ituzaingó, Eugenio Ramón Balbastro, admitió que la causa del comisario Benítez se cerró por prescripción. 

Una de las víctimas contó que había compartido estudios en la Escuela 107 con uno de los hijos del juez. El reencuentro se produjo apenas unos años después cuando R. tenía 14 o 15 años y trabajaba acarreando las bolsas con mercaderías de los clientes de un supermercado de Ituzaingó para ganarse algunas monedas y así contribuir a la deteriorada economía familiar.

“Yo ya salía y él me siguió. Ahí me dijo que, si nos podíamos encontrar para tener sexo por dinero”, contó. El encuentro se concretó poco después en un hotel que funcionaba sobre la ruta 12. Los abusos se prolongaron en forma esporádica hasta que R. cumplió la mayoría de edad.

Al poco tiempo también caería bajo el poder de Turraca Schou un hermano menor de R. “Él me decía que quería semen de chicos jóvenes. Yo tenía más o menos 14 años y tuve tres encuentros sexuales con él. El último fue en su casa”, agregó.

N. también aportó datos concretos. Sobre su primer encuentro con Turraca Schou, dijo que fue cuando volvía caminando a su casa y tenía 12 años. “Apareció en un auto azul y me preguntó si quería subir para tener sexo oral. Me ofreció plata y nos fuimos al circuito de motos, cerca de la Terminal. Después me pidió que no cuente nada a nadie”, sostuvo N. ante el Tribunal. “Los chicos ya sabíamos lo que él hacía, que te ofrecía plata” a cambio de sexo.

La víctima, que ahora tiene 25 años y vive en Posadas, recordó otro encuentro en un motel de la ciudad. Un tercer encuentro fue en la casa del juez y otros más de los que no dio detalles.N. contó que el dinero lo usaba para comprar comida y también golosinas. Y que a causa de los reiterados abusos terminó cayendo en la droga.

“Él les conoce a todos allá (en Ituzaingó), a todos los menores, de la forma que viven, si tienen para comer, si no tienen, cómo andan, si le ve en la calle, si tienen problemas judiciales o causas, él sabe todo”, dijo N. Y sospecha que el primer día detuvo el auto para hacerle la propuesta “capaz (lo hizo) porque me habrá visto en el colegio, el mismo al que iba el hijo de él”.

La madre de los dos chicos contó que Turraca Schou “les decía que él era su novio”. Sin poder contener las lágrimas, agregó que apenas descubrió los abusos decidió enviar a sus dos hijos a la casa de un hermano, en Posadas. La mujer admitió que no se animaba a realizar la denuncia judicial.

“Este señor era de gran categoría y yo de menos, a lo mejor en ese momento (si denunciaba) a lo mejor yo estaría en la cárcel. Nadie me iba a creer, siempre las personas que son de alta categoría tienen más poder contra un humilde. Yo soy analfabeta pero esa cosa no entiendo y jamás voy a entender, no me entra en la razón que una persona de bienestar, lleno de estudio haga algo así».

Un personaje clave en la historia es la enfermera, licenciada en ciencias de la familia y pastora evangélica María Valoy, quien llegó en 2011 a Ituzaingó para hacerse cargo de la Iglesia Filadelfia después del fallecimiento de su suegro.

Fue a fines de 2011 cuando se enteró de los abusos de los chicos en la ciudad. Ocurrió cuando la mamá de R. y N. se acercó para contarle que sus hijos le habían revelado los ataques sexuales que sufrieron por parte de Turraca Schou. Apenas unos meses después otra madre le confiaría hechos similares que sufrió su hijo J.

Valoy dijo que fue J. quien le refirió la existencia de una red de pedofilia en Ituzaingó. Fue abusado por “un tal ‘Yuyito’; el cura Teófilo que era el párroco principal, que murió, y abusaba de varios chicos. Y también tuvo contacto con el comisario Benítez”, refirió.

La pastora dijo que los tres adolescentes contaron que había “muchos otros chicos que pasaron por la misma situación” y que tenían miedo de denunciar.

La mujer encontró la oportunidad de sacar a la luz los hechos en 2015 cuando una comisión investigadora realizaba una inspección en el Juzgado de Turraca Schou. “Llamé a esta persona y le dije tengo esta situación. Hace varios años que yo la sé, pero no sabía cómo canalizarla por el poder que tiene esta persona”. Así fue como los chicos pudieron denunciar y contar lo que les pasó. “Ellos me contaron que los abusos ocurrieron cuando tenían entre 12 y 15 años”.

La pastora Valoy indicó que otras madres les admitieron que sus hijos preferían no hacer la denuncia para no ser revictimizados. “Se fueron de la provincia porque eran perseguidos por este señor”.

“Cuando una persona tiene poder, tiene la capacidad de intimidar, de mover personas que lo protejan como la Policía, aumentan la vulnerabilidad” de las víctimas, dice la mujer.

J. tiene 29 años, y durante mucho tiempo fue uno de los chicos “preferidos” del juez. Después del primer encuentro que tuvieron “cada noche venía al barrio Santa Rita, me buscaba a mí en mi casa”, contó el joven. “Fueron como 50 o 60 veces que el por entonces juez salía a buscar, a las 10.00, 12.00 de la noche a los chicos, después que se dormía su mujer”.

En una oportunidad, el adolescente le contó que había sido tentado para que le saquen foto o filmen durante los encuentros: “Cuando yo le dije que me iban a pagar para delatarle a él, me dijo que iba a matar a toda mi familia, que me iba a matar a mí, si le mandaba al frente que él era gay”.

J. también relevó la trama de pedófilos del pueblo. “Al cura Teófilo le conocí de vista, me dijeron que pagaba a los chicos para que le hagan el coso. Nosotros sabíamos quién era. El profesor Yuyito también. Yo tuve relaciones con Yuyito. Con (el comisario) Benítez también. Yo era gurí (chico), vendía chipá. Eso fue después de lo de Turraca”.

El por entonces juez conocía la vida de los chicos porque muchos habían pasado por su juzgado acusados de delitos menores. “Él decía que me quede tranquilo, que iba a mirar mis causas. Me decía que no iba a pasar nada”.

“Le entramos a otros hombres, no era necesario buscarlos, ellos nos buscaban, nos pagaban, nos compraban ropas, zapatillas”, reveló J. Los pedófilos ya sabían dónde buscar.

Otro adolescente que fue a la casa de Turraca Schou, porque el juez le iba a ayudar a redactar una nota para conseguir una beca universitaria, reveló que el hombre se le insinuó y le dijo que “ningún chico se ha arrepentido de haber estado conmigo”.

Los jueces María Alejandra Petrucci de Oharriz, Rodrigo López Lecube y Francisco Javier Ramos integran el Tribunal Oral Penal de Santo Tomé y son los encargados de juzgar a su ex colega, que llegó en libertad al debate pese a que podría recibir hasta 50 años de cárcel.

El Tribunal revictimizó a los varones abusados insistiendo en que revelaran detalles irrelevantes o bien poniendo en duda sus testimonios. El manejo inquisitorio de los camaristas hizo que la fiscal Anahi Tabacchi advirtiera sobre la forma irregular con la que se estaban manejando. Una de las personas que participa del juicio sostuvo que por momentos los jueces parecían ser parte de la defensa de Turraca Schou.

Fuente: Clarín

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