El Gobierno armó la comisión para ampliar la Corte con el abogado de Cristina y mayoría k

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Está integrada por once juristas y abogados de todo el país. Arslanian y Beraldi defienden a ex funcionarios K, hay un colaborador de Zaffaroni y un juez de Justicia Legítima.

Pergeñada por el presidente como un amortiguador para su giro copernicano respecto a la «necesidad» de modificar la composición de la Corte Suprema de Justicia, este lunes se conoció la integración de la Comisión Asesora que opinará sobre ese tópico -único que desvela a Cristina Kirchner-, el funcionamiento del Consejo de Magistratura, el andar del Ministerio Público Fiscal y la implementación de más juicios por jurados. El equipo está integrado por once juristas y abogados, entre quienes hay una clara mayoría de adherentes al kirchnerismo y el peronismo. Dos de ellos son los defensores de Cristina y Ricardo Echegaray, también un juez de Justicia Legítima y un colaborador de Eugenio Zaffaroni. Con representación federal y de género, de la comisión además participa la frustrada candidata de Macri a la Procuración, Inés Weinberg de Roca.

Alberto Fernández llamó personalmente a los elegidos, cuyos nombres fueron materia de especulación durante las semanas que transcurrieron desde que él anticipó en la prensa la idea de acompañar su proyecto de reforma judicial con la opinión de un comité asesor respecto de algunos temas puntuales. Era la forma de disimular con más elefantes al más grande de ellos: la exigencia de Cristina de toquetear la integración de la Corte sumando a más jueces y eventualmente dividiendo su labor en «salas» especializadas en cada fuero. La suma de dos más dos es cuatro: apretando los botones adecuados, esa martingala le permitiría segar las causas por corrupción en su contra, cuando el árbol de apelaciones construido en cada expediente llegue hasta el máximo tribunal.

La digresión no es antojadiza: el miembro clave de la flamante comisión es el doctor Carlos Beraldi, abogado defensor de la vicepresidenta en aquellas causas y, según coinciden varias fuentes del oficialismo, consultor en las sombras respecto al diseño, la conformación y la forma de trabajar de este equipo.

Las suspicacias apenas comienzan con el rol de Beraldi. Su socio histórico en el estudio penal que integró durante años es el abogado y ex camarista Carlos Arslanian, famoso por su papel en el Juicio a las Juntas militares pero ahora defensor de Ricardo Echegaray en el juicio por el megafraude al Estado con la petrolera Oil, de Cristóbal López y Fabián de Sousa. También de la ex procuradora Alejandra Gils Carbó.

Dos abogados, dos penalistas, dos socios, dos peronistas. Que opinarán sobre el diseño del tribunal al que, tarde o temprano, llegarán las causas que interesan a sus defendidos. La aguja de la ética está a punto de romperse. De hecho, si ellos ejercieran la magistratura, este vínculo sería motivo excluyente para que ambos se excusaran de participar en un asunto que atañe directamente a sus intereses. En política no existen esos límites.

Beraldi y Arslanian estarán acompañados por dos constitucionalistas -solo dos entre once, pese a que la Corte es un tribunal constitucional- Andrés Gil Domínguez y Raúl Gustavo Ferreyra: la especialista en Derecho de Familia e investigadora del Conicet Marisa Herrera, la jueza de la Suprema Corte de Justicia bonaerense Hilda Kogan, su par del Tribunal Superior de Justicia de Tierra del Fuego, María del Carmen Battaini, y de la Corte de Tucumán, Claudia Sbdar; el juez de la Corte de Mendoza Omar Palermo; el penalista argentino que desarrolló su carrera en España Enrique Bacigalupo; y la jueza del Tribunal Superior de Justicia porteño, Inés Weimberg de Roca.

Aunque sus pergaminos jurídicos y académicos atiborran cualquier objeción, la inclusión de la doctora Weinberg no deja de tener un altísimo simbolismo político: ella fue la candidata de Mauricio Macri para reemplazar a Alejandra Gils Carbó como jefa de los fiscales en la Procuración General de la Nación. El Senado escuchó su proyecto con mucho respeto, pero ni siquiera trató su pliego.

Como ocurre en la selección de fútbol, la «lista de buena fe» de los integrantes de la exótica comisión asesora permite entrever cual será el «planteo táctico» preponderante en el equipo. Y es ahí donde quedan pocas dudas. A la militancia confesa de Beraldi y Arslanian, se podrían agregar algunos datos importantes respecto a sus acompañantes. Siempre con una aclaración que vale la pena repetir: todos ellos son especialistas prestigiosos y con sobrados pergaminos para estar en la cualquier comisión.

Según prometió el presidente cuando convocó a cada uno, todos los miembros de la Comisión -que será presentada esta semana- podrán firmar dictámenes de mayoría y también de minoría, para asentar sus disidencias en aquellas cuestiones en las que no hayan podido consensuar con sus compañeros. El dato fue clave para convencer a algunos de los candidatos.

Fuente: Clarín

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