Alberto Fernández vuelve a la Casa Rosada, monitorea la negociación por la deuda y dentro de 72 horas viaja a ver al Papa

INTERNACIONAL POLÍTICA


El Presidente sigue de cerca las conversaciones de Martín Guzmán con los acreedores. El miércoles vuela a Roma.

Alberto Fernández no tenía previsto volar a Israel hasta que la Casa Rosada confirmó sobre el filo del viaje que el Presidente participaría del homenaje a las víctimas del Holocausto y mantendría su primera reunión bilateral con el primer ministro de ese país, Benjamín Netanyahu, en el cierre de la semana pasada.

El jefe de Estado volvió así al país el fin de semana, retomará esta mañana sus tareas en la Casa de Gobierno y dentro de 72 horas volverá a embarcarse rumbo a Europa en lo que hasta hace una semana y media estaba agendado como su primer viaje oficial al exterior. El viernes, a las 11 de la mañana, hora italiana, Fernández tendrá su bautismo como Presidente en la audiencia privada que mantendrá con el Papa Francisco, una gira que lo llevará después por España y Francia en la que aprovechará para entrevistarse con los líderes de ambos países, Pedro Sánchez y Emmanuel Macron.

Fernández seguirá en estos tres días antes de subirse a un avión de línea para volar hacia Roma, el miércoles, con una nutrida comitiva, los pormenores de las negociaciones que el ministro de Hacienda, Martín Guzmán, mantiene desde antes de asumir ese cargo con las autoridades del Fondo Monetario Internacional (FMI), en vísperas de las reuniones que el funcionario tendrá esta semana con inversores en Nueva York.

“(Necesitamos) Una definición medianamente rápida sobre el problema de la deuda”, aseguró el Presidente ayer por la noche durante la entrevista que concedió al canal C5N, y en alusión al viaje del ministro. Relojea, en esa línea, el tironeo que Axel Kicillof tiene con sus acreedores por la deuda bonaerense.

El Gobierno tiene atado su programa de gobierno a la reestructuración de la deuda. En ese sentido, Fernández estará en estos días, incluso cuando vuelve hacia Italia, pendiente del tratamiento de la ley enviada al Congreso, cuya discusión está prevista para antes de que termine la semana. La Casa Rosada espera una señal para los acreedores por parte del Parlamento.

La ausencia presidencial inauguró además la primera vez de Cristina Kirchner al frente del Poder Ejecutivo y el liderazgo de Santiago Cafiero, el jefe de ministros que quedó a cargo de la gestión durante la ausencia del jefe de Estado.

La vicepresidenta no apareció por la Casa Rosada: se recluyó en su departamento del barrio porteño de Recoleta y en el Instituto Patria. En ambos lugares mantuvo reuniones con dirigentes afines y funcionarios. Habló, por ejemplo, durante más de dos horas con Sergio Lanziani, el secretario de Energía que en estos días tuvo convulsionada su área por la renuncia de, por ahora, dos funcionarios. Entre ellos su jefe de Gabinete, Federico Martelli.

En el caso de Cafiero, mantuvo su agenda de reuniones: recibió a gobernadores, ministros y secretarios de Estado, deliberó con el gabinete económico y estuvo en contacto permanente con Fernández.

El primer mandatario dejará el agobiante calor del país y llegará el jueves al frío europeo para verse a solas en su primera reunión como presidente con Francisco. El jefe de Estado llega con el traspié de la designación del embajador ante el Vaticano: había propuesto a Luis Bellando, pero su pliego, por ahora, está frenado por cortocircuitos internos y por señales confusas por parte de Roma.

Gustavo Béliz, el secretario de Asuntos Estratégicos, que estará en la comitiva oficial -también viajó a Israel- junto aun puñado de funcionarios, tuvo que ver con ese nombramiento por ahora trunco.

Después de ver al Papa, el Presidente buscará en Sánchez y en Macron respaldo político para su obsesión de los primeros meses de gestión: la renegociación de la deuda que heredó de Mauricio Macri.

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