En el debate presidencial, Alberto Fernández bajó el tono y apuntó a que su rival se quede “en la grieta”

NACIONAL POLÍTICA


El candidato del Frente de Todos había anticipado cruces más fuertes con el Presidente. Ensayó más y quedó conforme con algunos pasajes.

No fue la «paliza» de Santa Fe. No se movió, como en aquel primer round, con soltura en el centro del ring. Esta vez, Alberto Fernández sabía que el duelo sería más espinoso y jugó a sacar un resultado parejo. Salió conforme.

Pasada las 23 se fue de la Facultad de Derecho menos eufórico que del post debate de Santa Fe pero, dijo un albertista a Clarín, seguro y tranquilo. Su entorno celebró el párrafo de cierre: «Que en la grieta se queden ellos», dijo el peronista en referencia a Mauricio Macri y sus dirigentes.

Hubo, al final, una canción de «Alberto presidente», remake de la celebración efusiva en Santa Fe que circuló en video.

El balance en el planeta Alberto invocó un factor simbólico. «Macri le habló a su núcleo duro, renunció a buscar votos fuera de los propios», confió un colaborador del candidato del Frente de Todos y agregó: «Alberto pareció el presidente y Macri el opositor».

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Esta vez, Fernández ensayó más y se «concentró» antes del debate. El domingo estuvo en su casa, rodeado apenas de algunos colaboradores y un amigo. De su departamento en Puerto Madero se fue directo a la Facultad de Derecho.

Bajó el tono y con eso, comparado con Santa Fe, dejó que Macri recupere protagonismo. «El presidente estuvo más despierto», admitió un colaborador y definió el debate como un «golpe a golpe».

Lo atribuyeron, al menos en parte, a que por el sorteo Macri quedó, en todas las intervenciones, después de Fernández. Salvo en el broche, el minuto último.

 

En otro escenario, cambió el electo de invitados -esta vez eran 20- pero el scrum que lo acompañó detrás de escena fue el mismo que en Santa Fe: Santiago Cafiero, Juan Courel, Matías Kulfas, Cecilia Todesca y Eduardo «Wado» De Pedro, y en el backstage, Juan Pablo Biondi y Juan Manuel Olmos.

Desplegó, esta vez, un bloque de invitados más diverso: los gobernadores Sergio Uñac (San Juan) y Juan Manzur (Tucmán), Felipe Solá, Fernando «Chino» Navarro y Sergio Massa -que no fue a Santa Fe, y los intendentes Martín Insaurralde y Mariano Cascallares.

Estuvieron, también, Estela de Carlotto y «Taty» Almeida junto a los candidatos porteños Matías Lammens, Mariano Recalde y Ofelia Fernández.

 

En Santa Fe, la mañana siguiente al primer cruce, el candidato -que todavía estaba efervescente por lo que consideró un knock out– avisó que el turno porteño sería más picante. Puso el eje en el tema de la Seguridad más que en la discusión sobre corrupción.

En aquella charla tempranera, Fernández anudó un argumento que, eficaz o no, expuso en el debate: que él no tiene denuncias y que sí las tiene Macri. «Son más de cien causas», martilló el candidato.

Su carta fuerte, que tenía preparada desde entonces, tuvo efecto: ante las acusaciones de Macri por la corrupción K, el peronista le habló del «clan Macri» y de los negocios de su familia con la obra pública.

En la semana advirtió, confió  un hombre de su entorno, que Macri tendría una posición más aguerrida, apostaría «todo o nada» a la grieta  y que, además, José Luis Espert se posicionaría como un escudero del presidente.

Dos dirigentes del equipor de Fernández, en el primer intervalo del debate, le dijeron a Clarín lo mismo: que intuían que existió «algún entendimiento» entre los equipos de Macri y de Espert, porque el economista y el Presidente «parecieron coordinados».

El latiguillo del «Macri no se cansa de mentir» siguió presente, quizá sin el efecto sorpresa del primer turno, y las menciones a la crisis económica parecíeron quedar, en el debate, opacadas por los cruces más intensos.

 

En el albertismo repiten, como hace Fernández hace meses, que el debate no sirve y que, además, no modifica un voto. «Es un juego mediático», sostienen el candidato y los suyos.

Con agenda agitada para la última semana de campaña, Fernández cerró la noche en restaurante porteño con su pareja, Fabiola Yañez y su equipo: Cafiero, Biondi, Olmos y, entre otros, «Dany», un colaborador multitasking que oficia de chofer y «un poco de custodio».

Fuente: Clarín

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