Debate presidencial: Mauricio Macri apuntó una y otra vez a la corrupción kirchnerista

NACIONAL POLÍTICA


Apostó desde el inicio a resaltar las diferencias entre él y los K. En el entorno del mandatario dicen que fue el ganador.

En el camarín de Mauricio Macri en la Facultad de Derecho hubo gritos contenidos de euforia en los dos intervalos programados del debate. “Seguí así”, fue el principal consejo que recibió el Presidente de su equipo de asesores: Jaime Durán Barba Santiago Nieto; el jefe de Gabinete Marcos Peña; el secretario general de Presidencia Fernando de Andreis, el vocero Iván Pavlovsky y los asesores de discurso, Hernán Iglesias Illa y Julieta Herrero. Al final, la moderación dio paso al desahogo. Cerca del Presidente se sintieron inobjetablemente ganadores. “Fue muy sólido. Fue ampliamente ganador del duelo”, señalaron en la intimidad del circulo presidencial. «Si Alberto hubiera podido tirar la toalla, lo habría hecho», arriesgó un aliado de peso.

Macri cumplió con la promesa que deslizó la semana pasada en el primer debate en Santa Fe. “Me alegra que el Frente de Todos hable de corrupción. La semana que viene vamos a tener un debate interesante”, había dicho el Presidente para responder a uno de los embates de Alberto Fernández.

Esta vez, el Presidente apostó desde el principio a enfatizar las diferencias entre Juntos por el Cambio y el kirchnerismo, al que mencionó en casi todas sus intervenciones para marcar las contradicciones entre el renovado discurso del espacio opositor y el gobierno de Cristina Kirchner.

“Tengo un compañero de fórmula que siempre da la cara”, sentenció para romper el hielo y aludir a Miguel Pichetto pero sobre todo al silencio selectivo de la ex mandataria.

Favorecido por el orden del sorteo, que -a diferencia del debate anterior- le permitió hablar después de Fernández, Macri se sintió libre para imprimir el tono que quería.

“Salió como esperábamos: palo por palo”, dijeron en el equipo de comunicación del Presidente que repasó con él posibles estrategias en Olivos el sábado y el domingo.

 

En la intimidad, tras el el primer debate -en el que, según el propio equipo presidencial, Macri fue de menor a mayor- el mandatario recordó con frustración su charla con el intelectual israelí Yuval Noah Harari. Lo preocupaba, según sus palabras, la “impunidad para mentir” de Fernández.

Con esa lectura, esta vez rebatió los números que el candidato opositor le tiró por la cabeza. “Las estadísticas que tenemos dicen la verdad. Están avaladas por la ONU y redujimos los homicidios un 30 por ciento”, reforzó cuando Fernández puso en duda sus estadísticas. También recordó su gestión como jefe de Gabinete de Néstor y Cristina Kirchner. “¿No vio nada?”, preguntó con ironía sobre los casos de corrupción.

 

Durante todo su mandato, el Gobierno se molestó cada vez que los analistas comparaban la actual administración con la de los Kirchner. “Somos distintos”, dijo para hablar de seguridad.  “No somos todos iguales. Ellos creen que pueden empardar”, insistió antes de poner el nombre de Nicolás Maduro sobre el tapete.

Funcionarios del equipo de discurso señalaban que esperaban a un Fernández “más agresivo” de lo que se vio. Sin embargo, estaban satisfechos con lo que llamaron «despistes» del opositor. “No puede evitarlo, es agresivo”, dijeron. Se referían a la mención del candidato opositor a Franco Macri.

Fortalecido por la masiva movilización al obelisco y la marcha del «Sí Se Puede», Macri defendió su gestión y enumeró los que considera sus logros en infraestructura e institucionalidad. Además, se permitió lanzar una propuesta como la actualización de los UVA por salario.

Macri, experimentado en debates, entiende que impactan casi nada en los votantes. Sin embargo, se entusiasma con el sprint final de la carrera para convencer en los indecisos, que calcula en un 5 por ciento. Apuesta a que, entre ellos, primará la aversión a Cristina Kirchner.

Fuente: Clarín

 

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