El esquema de poder que tiene Alberto Fernández en su cabeza

NACIONAL POLÍTICA


Sería con diálogo permanente con Cristina y apoyado en varias patas: gobernadores, CGT, Massa y empresarios. La relación con La Cámpora y las organizacioness sociales.

Alberto Fernández recrea en su cabeza el esquema de poder de los primeros días del gobierno de Néstor Carlos Kirchner. Lo repasa y lo imagina para lo que será el suyo propio en caso de llegar al Gobierno, lo que presume será un dato concreto tras la elección general del 27 de octubre.

El esquema de decisiones de la primera época kirchnerista se terminaba resolviendo en una mesa de tres: podía ser en la Casa Rosada -tras la asunción de NK el 25 de mayo de 2003- o en el departamento de Juncal y Uruguay, que aún hoy ocupa Cristina Fernández.

Néstor, Cristina y Alberto se sentaban juntos y discutían criterios, a veces de modo enérgico. Pero de allí salía una definición y en ese sentido se avanzaba, en un esquema donde el ex gobernador de Santa Cruz era, claramente, el jefe.

Hoy, Alberto Fernández recrea su propio modo, teñido de “nestorismo”, pero con otros actores, obviamente tras el paso de 15 años del inicio de esa etapa de gobiernos peronistas.

Ese cuadro o dibujo podría dividirse así: Alberto, con varias terminales, todas esenciales para su intento de acuerdo social, económico y político. Gobernadores, Albertismo puro, Massismo, CGT, Industriales y Movimientos Sociales. Y en nivel distinto, su relación directa y sin interferencias con Cristina Kirchner.

La relación con Cristina

Alberto imagina, tomando el relato inicial del viejo vínculo del matrimonio Kirchner con el entonces jefe de Gabinete, manteniendo un vínculo de diálogo permanente con quien será vicepresidenta de su eventual gobierno. Casi en línea paralela, los dos mantendrían un ámbito de diálogo y discusión de los grandes rasgos o políticas generales, que implementaría el Presidente.

Sin divergencias públicas, Alberto F. imagina un diálogo fluido pero sin condiciones con la ex jefa de Estado. Quienes ven allí un germen de futuros desacuerdos, miran el volumen con el que gozará CFK en el Parlamento: un bloque sólido de diputados y senadores nacionales que le garanticen paz ante eventuales requerimientos judiciales pero también, fuerza para condicionar si la tensión política copara el seno de la coalición gobernante. En el entorno de AF, niegan esa posibilidad y creen en que el diálogo entre Alberto y Cristina es franco, despojado de tirantez o rigidez, con una CFK corrida de las preocupaciones y ocupaciones del día a día.

Gobernadores

Alberto Fernández dijo, tras ser ungido como el candidato presidencial del peronismo, que el suyo sería “un gobierno de 24 gobernadores con un presidente, porque entre todos debemos construir esa Argentina federal que hace falta”.

Ese esquema tiene a dos hombres con calificación especial, para la consideración del candidato del FdT. Uno de ellos es Juan Luis Manzur, el mandatario tucumano que se muestra mucho junto a Fernández, desde acompañarlo al evento de Clarín en el MALBA hasta el acto multitudinario -con asado para todos y todas- de la semana pasada en San Miguel de Tucumán, que despertó polémicas por el desplazamiento de figuras políticas de todo el país, pero que mostró músculo federal para el candidato.

El otro mandatario que tiene la mayor calificación para Alberto es Omar Perotti, el flamante elegido en Santa Fe, quien podría ser definido como un “gobernador albertista”. Del ejido santafesino también emerge el aporte de María Eugenia Bielsa, figura ministeriable para Fernández, que cuenta con el visto bueno del mandatario oriundo de Rafaela. También tiene vínculo fluido el santiagueño Gerardo Zamora, de diálogo fluido con la basa albertista.

Albertismo

El candidato tiene su propia usina, el Grupo Callao, que cobró relevancia absoluta tras la definición de su jefe político, como cabeza de fórmula, y que ya tiene entidad propia en el esquema peronista: en caso de llegar a la Rosada, estos hombres y mujeres tendrán los picaportes más deseados de la casa de gobierno. Allí reviste Santiago Cafiero, el coordinador electoral de AF por cuyas sus manos pasan todos los movimientos del postulante presidencial: por eso, suena como el eventual jefe de Gabinete. Allí también está Felipe Solá, con tratamiento casi de par por parte del candidato, y compañero de viajes trascendentes, como el de España y Portugal y ahora, en la visita a Perú y Bolivia, emperifollado casi con ropas de “canciller”.

En el Albertismo -que suma adeptos día a día por la cercanía del poder- revisten tradicionales figuras del peronismo porteño como Víctor Santa María, Nicolás Trotta -que coordina un equipo de trabajo técnico y político con medidas y propuestas de gobierno- y Juan Manuel Olmos, quien fue autoridad del PJ porteño junto a Fernández. Allí se puede enmarcar también a Matías Lammens -ungido candidato a jefe de Gobierno porteño como exclusiva idea de Alberto- y a dirigentes con pasado variopinto como Fernando “Chino” Navarro, Victoria Donda, Juan Cabandié y Emilio Pérsico. 

Del tándem de intendentes, el que entra en la consideración de Alberto es Gabriel Katopodis -alcalde de San Martín- quien tiene vínculo histórico con los fieles de Alberto F.: además de Santiago Cafiero, allí está su núcleo duro donde está Juan Pablo Biondi (vocero y responsable de medios), Miguel Cuberos, Claudio Ferreño y sus amigos históricos como Julio Vitobello, Alberto Iribarne y Guillermo Oliveri.

Massa

La incorporación del Frente Renovador al Frente de Todos terminó de sellar la unidad del peronismo, factor clave de la victoria opositora ante Mauricio Macri, en las PASO del 11 de agosto. Sergio Tomás Massa representa un polo político, con entidad propia, en virtud de la intensidad política del nacido en San Martín pero hecho políticamente en Tigre. El también ex jefe de Gabinete de Cristina conducirá la Cámara de Diputados nacional -hasta habría un escrito confirmado ese cargo como parte del acuerdo político con los K- y tendrá fuerza propia en la Cámara baja. Además, conserva poder de fuego en la provincia de Buenos Aires con un número relevante de diputados y senadores en la Legislatura bonaerense.

Allí estará, a priori, Malena Galmarini, esposa de Massa, quien podría asumir roles en esa estructura, donde deberán convivir las distintas tribus peronistas con los legisladores de María Eugenia Vidal, que tendrá fuerza parlamentaria en la Provincia, más allá de mostrarse perdidosa ante Axel Kicillof.

Massa es un interlocutor habitual de Alberto -responsable de la suma del jefe renovador al acuerdo peronista- y suma su aporte en lugares claves, como Jujuy o Chubut -donde logró alguna fidelidad política- o en Córdoba, donde fue aliado electoral de José Manuel De la Sota y armó lazos en ese distrito vital, como con el gobernador, el duro Juan “Gringo” Schiaretti. Sin embargo, no ha logrado aún desarticular algunas desconfianzas, tanto en “México” -nombre del búnker albertista de San Telmo- como en el Instituto Patria, sede del kirchnerismo.

La Cámpora

La agrupación creada por Máximo Kirchner es la gran incógnita de este armado de patas del poder del futuro gobierno. Los jóvenes camporistas son los más duros a la hora del discurso político pero no han mostrado un solo desacople, hasta el momento, con la línea o las decisiones de Alberto F. El propio Máximo Kirchner tiene una relación sin dobleces con el candidato, algo que mantuvieron aceitada incluso en los momentos en que el abogado fue un duro crítico de las políticas de Cristina Kirchner; el hijo de los ex presidentes recuerda a los suyos que Alberto siempre lo elogió en público, en tiempos en que el joven emergió a la política nacional y era minimizadas sus capacidades para la faena.

Por eso, el elemento principal del momento de la sintonía entre el Albertismo y La Cámpora es el rol que tiene Eduardo “Wado” De Pedro: Alberto lo tiene cerca, lo llevó con él al encuentro en Tucumán con gobernadores, CGT e Industriales, lo sumó a su charla con Juan Schiaretti -dato clave- y recibió al dueño de Mercado Libre –Marcos Galperín– por una gestión de De Pedro. Wado es quien califica como “el ministro nacional” de La Cámpora y sería el único casillero nacional para la agrupación K, algo no menor, pues la cartera que tendrá (¿Interior?) será de relevancia y además, de manejo diario y directo con el titular del Ejecutivo, en caso de una victoria del FdT en la pelea presidencial de este año.

CGT

Los gremios serán otra pata en un eventual gobierno peronista. Los “trabajadores” tienen a Héctor Daer y Carlos Acuña (conductores de la CGT) como interlocutores pero allí también aparecen, cercanos, Gerardo Martínez, Andrés Rodríguez o el inoxidable Armando Cavalieri. Por ese anhelo albertista de gobernar “con los trabajadores” es que suena el nombre del sanitario Daer para ocupar la cartera de Trabajo: es un ducho dirigente del gremio de Sanidad, discípulo de “Carlín” West Ocampo, electo diputado nacional bajo el paraguas del Frente Renovador de Massa. Daer es, hoy, un interlocutor privilegiado de Alberto F., lo que le ha generado rispideces con otros veteranos gremialistas.

Empresariado

Los dos hitos con este sector de la campaña albertista fueron el encuentro con el dueño de Mercado Libre (antes un adepto fervoroso de Mauricio Macri) y las citas con el titular de la UIA, Miguel Acevedo, que llevaron al cercano a los aceiteros de la familia Urquía a un baño de peronismo explícito en el asado de Manzur en Tucumán.

Pero son varios los industriales que recobraron bríos, tras la frialdad con la administración Macri: uno de ellos es José Urtubey (uno de los hermanos del gobernador salteño Juan Manuel Urtubey) y de militancia de años en la Unión Industrial Argentina.

Organizaciones sociales

Este punto será determinante para la futura gestión presidencial, sea una victoria del Frente de Todos o una reelección de Juntos por el Cambio. En el campamento albertista, los lazos con ese sector son, como ya ha contado Clarín, con las agrupaciones denominadas “El Tridente de San Cayetano”, o sea la Corriente Clasista y Combativa, Barrios de Pie (fuerza dividida pero que tiene allí al dondista Daniel Menéndez) y la CTEP, de Juan Grabois, más el Movimiento Evita, con Emilio Pérsico en lo social. Ese grupo no augura cortes y piquetes salvajes, los que esperarán pero por parte del Polo Obrero y la sección disidente de Barrios de Pie, que conduce Silvia Saravia.

Pero del “asunto Grabois” es de lo que más se habla en el búnker “México”. “Alberto maneja directo el vínculo con Grabois”, dicen allí, lo que es sostenido por los seguidores del dirigente de CTEP, quienes dicen que “Juan habla con Cristina y Alberto y no va a haber problemas”. Sin embargo, el verdadero tema allí es cómo le vaya a Grabois cuando se siente a negociar lugares para los suyos en la estructura nacional que manejaría Fernández, de ser electo Presidente.

Fuemte: Clarín

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