Crecen los reclamos por el mal estado de la terminal de transferencia UNaM

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El pavimento roto, los baches mal tapados y pronunciados desniveles, se convirtieron en un paisaje acostumbrado para los miles de usuarios que circulan por la estación de Miguel Lanús.

El grupo Z continúa acumulando quejas de los usuarios por las malas condiciones que brinda en el servicio en general, considerando además la siempre elevada tarifa de los boletos, los millonarios subsidios que recibe, y los reiterados aumentos que golpean al bolsillo de los usuarios.

A las críticas que recibe el “pulpo” empresario por las unidades en mal estado, incumplimiento de horarios, ausencia de líneas en varios barrios, cambios de frecuencias sin previo aviso, y escasez de servicio nocturno, ahora se suman las permanentes quejas que realizan los pasajeros por la “pésima condición” que presenta el pavimento dentro de la Estación de Transferencia del Campus, UNaM.

Desde semanas atrás, y a simple vista, se pueden observar que las tres calles internas del predio, por donde circulan miles de pasajeros diariamente, tienen “baches” mal cubiertos, huellas profundas y desniveles pronunciados, los cuales complican el tránsito de los propios colectivos y de los peatones, convirtiéndose en un problema principalmente para los mayores, niños, y personas con alguna discapacidad motriz o visual.

Consultado al respecto, El concejal y presidente de la Comisión de Transporte y Tránsito, Miguel Acuña (Trabajo y Progreso), confirmó que “la parte encargada de hacer el mantenimiento dentro de la terminal de transferencia en este caso es el grupo Z. Los temas internos son manejados por el monopolio empresarial. No hay otra”.

Al mismo tiempo recordó: “Manejan tanto todo lo que pasa en la terminal, que hace un tiempo no me permitieron sacar fotos adentro y hasta casi me llevaron preso por eso. Así que obviamente son los responsables de tener roto el piso”.

Por su parte, un diputado provincial, manifestó que “el mantenimiento corresponde a la empresa concesionaria, en algunos casos habrá un acuerdo y una responsabilidad compartida, porque cuando uno ve que hay una afectación al usuario, algo que está mal, también tiene que intervenir el Estado municipal y provincial. Lo que no puede ocurrir es que el usuario siga pagando por los problemas. Importa poco quién tiene que resolver, alguien lo tiene que hacer, porque el usuario no tiene la culpa de lo que está pasando”.

Además, profundizó sobre “un concepto general” en relación a los servicios públicos: “Tenemos la sensación que las empresas prestadoras hacen lo que quieren. Cobran lo que quieren, porque ellos hacen su cálculo de las tarifas, y el servicio lo prestan cómo quieren porque nadie los controla. Eso nos preocupa mucho. En la Constitución Nacional, en el artículo 42, dice expresamente que el Estado debe crear Entes Reguladores del servicio público con la participación del usuario. La función fundamental es controlar el servicio que está pactado, sancionar en el caso de incumplimiento, y en el caso más grave quitar la concesión. Esto nos tenemos que animar a hacer. Hoy cualquier empresa monopólica maneja toda la situación del servicio público y el Estado está ausente. No está cumpliendo con su función esencial”.

Apuntó nuevamente sobre el servicio de transporte, ejemplificó: “Para la fijación de la tarifa del pasaje no hay una entidad que haga un estudio de costos, eso lo hacen las mismas empresas que además dicen cuánto tiene que valer el boleto. El Estado no tiene ningún sistema para decir si eso está bien o mal. Aparte falsean datos sobre la cantidad de usuarios que usan el servicio, siempre en beneficio propio”.

“Estas empresas monopólicas que tenemos en la provincia tienen que acatar normas de concesión. Controlar es una cuestión simple”, aseguró.

 

Usuarios molestos

Diversos usuarios también hicieron conocer sus reclamos por el mal estado de la terminal de transferencia. “Hay baches tapados a media, huellas profundas, que hacen que cuando el colectivo ingresa a esa parte se mueva de un lado al otro, provocando fuertes sacudones que para los abuelos o personas en general representan un gran peligro”, remarcaron a este Diario.

“Es un desastre el piso, peor que un tren de cargas, desarticula a la gente que tiene problemas de vértebras, por ejemplo, complica a las madres con pequeños en brazos, les hacen perder el equilibrio. Hay una gran cantidad de pozos que van parchando a medias y no aguantan el tránsito, entonces se vuelve a romper el asfalto. Los que sufrimos somos los usuarios porque tenemos que seguir ingresando al lugar y nadie controla”, indicó Raúl, vecino de Garupá.

En tanto que Daniel, joven con discapacidad visual, señaló: “Se me complica mucho hacer este trayecto corto desde que bajo del colectivo hasta salir de la terminal, porque me voy encontrando con desniveles y pozos pronunciados. La gente me ayuda para caminar pero siempre en algún momento tropezamos”.

Una jubilada, opinó que “todo lo que está relacionado a esta empresa da vergüenza. A los usuarios nos avergüenzan, no creo que eso les pase a los empresarios, porque cada vez que algo se rompe nunca lo arreglan, van dejando todo como está, total nadie los obliga a reparar las cosas, ahora pasa eso con las calles dentro de esta terminal”.

Además cuestionó la desinformación que se refleja en los carteles de las calles. “Dentro de la terminal uno sabe bien dónde esperar su colectivo, pero la otra vez recibí unos parientes de otra provincia que vinieron de visita y se perdieron en el microcentro de Posadas porque no sabían dónde tenían que esperar el colectivo para volver. Se confiaron en los números de los carteles pero están todos en base a la información vieja, ni siquiera eso cambiaron cuando modificaron el sistema de las líneas”.

Justamente, el problema de la información incorrecta en las paradas de colectivos se mantiene, en casi todo el microcentro posadeño y las principales arterias que recorren las unidades, debido a que el monopolio empresarial nunca efectuó la actualización correspondiente de la numeración en los carteles.

En diferentes barrios también se elevan los cuestionamientos a las empresas de transporte por el mal estado de los refugios, en ocasiones con techos rotos o caídos, incapaces de cubrir al usuario del intenso sol o proteger en momentos de fuertes lluvias.

De diferentes maneras el grupo Z sigue demostrando el desinterés para realizar inversiones que ayuden a que el castigado usuario, por el precio del boleto, tenga al menos un servicio acorde a sus necesidades.

Fuente: PE

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