El impacto del testimonio contra Juan Darthés desató una ola de denuncias similares

NACIONAL POLÍTICA


El colectivo Actrices Argentinas recibió gran cantidad de casos. Aumentaron los llamados al 144 y también, los denuncias en las redes

«Que se haga Justicia por nuestra compañera y por todas. Esto recién empieza». Así terminaba el documento leído por las actrices que acompañaron a que Thelma Fardin haga pública su denuncia de violación contra Juan Darthés. «Esto recién empieza» tiene un sentido: las actrices ya tienen más denuncias de compañeras que fueron acosadas, maltratadas, abusadas. Son situaciones antiguas, que han ocurrido en los 90, o a comienzos de 2000, y también de estos últimos tiempos. También aumentaron los llamados a las línea 144 y los casos denunciados públicamente en las redes sociales.

«Son muchas, muchas, es impresionante….», dice la actriz Marina Glezer . Y detalla que son antiguas, de algunos años, muy recientes. «La lista es enorme, larguísima. Los abusos de poder, los abusos de todo tipo llegan hasta hoy… ¿Sabés la cantidad de Thelmas que hay? Y seguiremos juntas denunciando porque nos dimos cuenta del poder arrollador de la comunicación», agrega. Algunas de las denuncias llegaron luego de que se hiciera público el caso de Darthés, otras son previas.

Por fuera del ambiente artístico, muchas mujeres se animaron a denunciar. «Tuvimos un gran incremento de llamadas», dijo Nicole Neiman, responsable de la línea 144 del Instituto Nacional de las Mujeres (INAM).

«Lo que muestra claramente el efecto es que la mayor cantidad de llamados es por abuso sexual, cuando en general es lo que menos se denuncia. Siempre la mayoría de llamados tiene que ver con violencia física y psíquica —explica Neiman—. Las que están llamando son mujeres y adolescentes que están contando abusos por primera vez y no saben muy bien qué hacer».

Desde La Casa del Encuentro, Ada Rico, sostiene lo mismo: «Ante cada denuncia que se mediatiza ocurre este efecto cascada. Por eso pusimos una guardia especial», asegura. Esa asociación civil, que abre sus puertas por la tarde, este miércoles lo hizo a las 10. «Estamos recibiendo muchas consultas de mujeres, grandes, adultas, adolescentes y también de madres que preguntan cómo ayudar a sus hijas. Ya tenemos citas para los próximos días»,

 

Las redes sociales fueron otro canal en el que muchas mujeres se animaron a contar sus historias. Usaron el hashtag #MiráComoNosPonemos, como réplica a la frase que -según el relato de las denunciantes- repetía el actor: «Mirá cómo me ponés».

Una de las primeras fue la escritora y periodista Verónica Sukaczer. Contó que, cuando tenía 17 años, iba al taller literario de un «afamado escritor», ya fallecido. «Un día me quedé sola y él, de más de 60, encaró, me arrinconó contra una mesa y trató de besarme. Me lo saqué de encima de un empujón (era alto, grandote) y aceptó el no. Enseguida me preguntó qué iba a decirles a mis viejos. Y recuerdo que respondí, literal, ¿qué querés que les diga, que sos un viejo verde?», publicó en Twitter.

Nunca volvió al taller y, salvo a algunos amigos, decidió no contarlo. explica los motivos de su largo silencio. «No lo había contado nunca por miedo, por vergüenza, por sentir, como sentíamos hace 30 años, que algo habíamos hecho para merecerlo», señala.

¿Por qué se animó ahora? «Porque la verdad, por suerte, es contagiosa. Porque se abren puertas y permisos y siento que, si yo cuento, tal vez se anime a hacerlo alguien más. La palabra nos libera, es el momento», responde Sukaczer.

Fuerte, muy fuerte, es el relato de la poeta Paula Jiménez. «Cuando tenía veinte estudiaba Psicología y fui violada por un compañero», escribió en Facebook. «Nos fuimos juntos a un hotel. Ni bien llegamos, yo me senté en la cama, tenía la intención de recostarme, obvio, de que estuviéramos juntxs en un de igual a igual que no sucedió nunca, porque él se paró delante mío y me agarró del pelo, me dijo ‘esta sí que es buena’ y me obligó a hacerle una fellatio», describe.

 

«Tengo la sensación de los mechones míos en sus manos, el zarandeo repentino de la cabeza, el revoltijo en la panza frente a él por primera vez (lo volví a sentir cada vez que me lo topaba en alguna materia o en el cumpleaños de un conocido en común)», sigue Jiménez. El hombre la empujó, la mordió, le hizo doler, la llenó de moretones.

«Ahora me toca a mí hacer algo con esto que durante años guardé como una vergüenza. Hoy sé que yo no tengo nada que reprocharme, que no es mi zona oscura, uno de los puntos de fuga de mi vida, sino de la suya», analiza la poeta en su publicación.

Por su parte, la escritora Natalia Rozenblum relató su vivencia. «A los 12 años mi profesor de saxo me chupaba los pies. Él empezaba diciendo que hacía calor, me pedía que me sacara el saquito -puedo verme con una musculosa blanca de ribetes amarillos-, después decía que me sacara las zapatillas y no sé, ahí estaba el tipo pasando su lengua de gato por mis dedos», publicó

 

«La escena es tan absurda que durante mucho tiempo pensé que la había inventado, incluso cuando lo hablé con algunas personas coincidían en que no podía ser. Pero la imagen empezó a asaltarme una y otra vez», señala Rozenblum, que en los siguientes años vivió «varias situaciones más» mientras se convertía en lo que ella creía que era una mujer fuerte.

 

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